

El problema de este cemento aluminoso que fragua tan rápidamente
es que resulta poco protector frente a la corrosión. Además,
como explica Carlos Sánchez, arquitecto de la Agencia de Vivienda
de la Junta de Extremadura, es fácilmente alterable y en su interior
se producen complejos procesos químicos que provocan un cambio de
su forma y estructura. “Esto tiene como consecuencia el cambio de
sus propiedades, entre las que se encuentra el aumento de su porosidad,
con una reducción de su volumen de hasta un 40%, incidiendo así
en la resistencia mecánica del hormigón que puede llegar a
reducirse hasta en un 75%. Al quedar mermadas sus propiedades, el hormigón
es más vulnerable a las variaciones de temperatura y humedad, por
lo que el problema se agudiza en los edificios situados en zonas costeras,
donde se acelera el proceso de corrosión de las armaduras. Porque
se trata de un problema que afecta fundamentalmente a las armaduras y no
a los elementos estructurales, como los pilares y las vigas.
Los problemas derivados del uso de hormigón que contenía cemento
aluminoso se conocieron en España a raíz del hundimiento de
un edificio en la calle Cadi de Barcelona, en el año 1990, suceso
en el que pereció una vecina sepultada bajo los escombros. El colapso
del edificio se produjo como consecuencia de la pérdida de resistencia
de las viguetas, que habían sido fabricadas con cemento aluminoso.
“En España se calcula que existen aproximadamente 300.000 viviendas
afectadas por esta patología y en muchas de las cuales aún
no se ha realizado ningún tipo de intervención”, señala
Leal.
EL PROCESO
Cuando un edificio presenta los forjados afectados por aluminosis debe ser
apuntalado con carácter de urgencia, ya que su derrumbamiento es
imprevisible. Pero hasta llegar al colapso, las patologías aluminosas
sufren una evolución en la que intervienen numerosos factores, como
explica Carlos Sánchez:
• Proceso de producción: Son decisivos la calidad del cemento,
la relación agua-cemento empleada y los cuidados en el secado del
hormigón.
• Las condiciones climatológicas en la que se haya empleado
el cemento, que repercutirán gravemente en su proceso de conversión.
Los estudios realizados en los años setenta revelaron que los ambientes
marinos, con una elevada humedad relativa, facilitan el proceso de corrosión
de las armaduras. Así, un estudio llevado a cabo por la Universidad
Complutense reveló que en Madrid la proporción de viviendas
afectadas era ínfima, debido en gran parte a su clima seco.
• La calidad general de la construcción.
• Las condiciones del mantenimiento de los inmuebles en los que se
empleó este tipo de cemento.
Cuando un edificio padece aluminosis, las zonas más frecuentes donde
se suele dar la conversión del cemento son los cuartos de baño
y cocinas, cubiertas, forjados sanitarios sin ventilación, bodegas,
depósitos, invernaderos y lagares. En España, los daños
se han observado generalmente en las viguetas y semiviguetas pretensadas
para los forjados.
Pero el de España no es un caso único; entre los años
sesenta y setenta muchas obras públicas realizadas en otros países
presentaron colapsos tras el uso de cemento aluminoso en su construcción.
En 1943, tras observarse varios desperfectos en las obras públicas
francesas, la circular Schwartz prohibió el empleo de cemento aluminoso
salvo previa autorización. A partir de los años 60, en Baviera
se prohibió también el uso de este cemento.
En España, teniendo en cuenta estos antecedentes, desde los años
cincuenta el Instituto Eduardo Torroja realizó importantes investigaciones
sobre la evolución de los componentes del cemento aluminoso. A la
vista de las investigaciones, los técnicos tomaron conciencia de
la gravedad del problema y en 1977 la Norma sobre la Fabricación
de Hormigón Precomprimido EP-77 prohibió el uso de este cemento
para la fabricación de las viguetas. Desde entonces, continuaron
buscándose soluciones para erradicar esta patología, ¿pero
cuándo se tomó realmente conciencia de la necesidad de buscar
soluciones?
LAS SOLUCIONES
Hasta la década de los 90, momento en el que hubo que rehabilitar
numerosos edificios, no se tomó conciencia de la seriedad del problema.
Entonces se hizo patente la necesidad de ofrecer respuestas a los cada vez
más ciudadanos afectados por las patologías de sus inmuebles.
Y, de este modo, se redactó la siguiente legislación al respecto:
• Decretos 204/1991 de 16 de septiembre, y el 76/1992 de 2 de marzo,
para llevar a cabo un programa de rehabilitación y conservación
del parque de viviendas y promover y desarrollar medidas de asesoramiento,
investigación y apoyo a la conservación y rehabilitación
de las viviendas.
• Ley 24/1991, publicada el 15 de enero de 1992 dio una respuesta
eficaz a los edificios de nueva construcción, ya que se estableció
un aspecto fundamental para la consolidación del mantenimiento del
parque edificado: la obligatoriedad del Libro del Edificio para todos los
edificios levantados después del 7 de abril de 1993.
• Ley 38/1999 de 5 de noviembre, Ley de ordenación de la edificación,
que entiende como un todo la construcción y el mantenimiento de lo
ya construido, un proceso en el que están implicados todos los agentes
que participan en el proceso.
La aluminosis ha logrado, según explica María Leal, convertirse
“en un revulsivo para conseguir la regulación del proceso de
construcción y promover la cultura de mantenimiento del parque inmobiliario”.
Pero, además de medidas legislativas, es necesario ejecutar medidas
técnicas que deben ponerse en práctica cuando el edificio
“comienza a chirriar”, pues siempre presenta detalles que presagian
lo que puede suceder, como explica Carlos Sánchez. Por este motivo,
cuando existen sospechas de que un edificio pueda padecer esta grave patología,
lo más conveniente es realizar un Test de Aluminosis que comprende
el historial del edificio, un croquis y una descripción del aspecto
general y de los forjados en particular, y una toma de muestras. Tras realizar
el primer test, si se confirma la presencia de cemento aluminoso, se estudia
de manera más detallada el grado de transformación que ha
sufrido el hormigón. Con los resultados obtenidos se calcula la pérdida
de seguridad del edificio así como su vida residual. Llegados a este
punto surge un dilema difícil de resolver, tal y como expresa la
aparejadora: ¿qué es mejor, reparar el edificio o demolerlo?
La respuesta no es fácil, sobre todo teniendo en cuenta que “los
costos de una reparación de estas características son generalmente
muy elevados”. Pero cuando se opta por la reparación de los
forjados se puede proceder a sustituir los elementos del forjado dañado,
que es una operación muy traumática y que puede requerir del
desalojo de la vivienda durante el proceso de reparación; o a la
sustitución funcional de los elementos del forjado, que consiste
en implantar otro elemento que realice las funciones de los forjados que
se encontraban dañados.
CÓMO SOLICITAR AYUDAS
Cuando un edificio está afectado por esta patología se pueden
solicitar ayudas. El proceso suele ser es el siguiente:
• Solicitar y cumplimentar una instancia de solicitud de informe sobre
estado aparente de la estructura del edificio y para la detección
de cemento aluminoso.
• Sólo se inspeccionan obligatoriamente las construcciones
que hayan sido construidas entre los años 1950 y 1980, por lo que
es imprescindible presentar una fotocopia de la escritura de uno de los
propietarios del inmueble. Además, hay que mostrar una fotocopia
del acta de la Junta de Comunidad de Propietarios en la que conste que los
vecinos han decidido solicitar el informe y dejar al inspector acceder a
sus pisos para realizar alguna cata.
• Es preceptivo tener este informe, que se utilizará para verificar
la idoneidad de la aplicación de ayudas para la rehabilitación
de un inmueble.
En el caso concreto de la Comunidad Valenciana, la Consejería encarga
que un arquitecto de turno redacte el citado informe, que suele tardar cerca
de tres meses en estar preparado. Además, hay que tener en cuenta
que las ayudas económicas, que pueden llegar hasta el 65% del coste
total de la obra, no se otorgan hasta que ésta haya concluido. Mientras
tanto, la tramitación y rehabilitación corre a cargo de la
comunidad vecinal, que deberá:
• Encargar a un facultativo competente la redacción de proyecto
de ejecución de las obras a realizar.
• Encargar a un laboratorio homologado un informe exhaustivo que permita
determinar con total exactitud cómo está afectado el inmueble
(el número de plantas afectadas, la superficie en cada planta, la
resistencia de cada material y si están afectados también
vigas y pilares).
• Pagar las tasas, las licencias e impuestos.
• Solicitar la ayuda económica, para lo que es necesario entregar
toda la documentación. Es necesario advertir que las ayudas se conceden
individualmente, no al conjunto de propietarios.
En caso de que el inmueble no presente aluminosis también existen
ayudas para la rehabilitación del edificio, pero su cuantía
es mucho menor que en el caso anterior y alcanzan tan sólo un 25%
del coste total.
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